El Dilema del Bilingüismo

¿Por qué cruzó el charco el caribeño? Obviamente para llegar al otro lado. Citando al cubano-americano Gustavo Pérez-Firmat citado por el dominican-jersey Junot Díaz: “El hecho que te estoy escribiendo en (español) ya hace falso lo que te quería decir”. Y con eso entramos a otro nivel del dilema del bilingüismo, o sea, les doy la bienvenida desde el imperio, donde se hable del bilingüismo en términos del derecho de hablar en español.

En el contexto de una campaña política para retener su guiso como emperador de la colonia, el (des)honorable Luis Fortuño ha propuesto que Puerto Rico se convierta en un pueblo bilingüe para el año 2022. Con esto impone el reverso de la política de bilingüismo acá, forzar un idioma extranjero en una población que no lo necesita para ser parte de la cultura y la sociedad de su patria. Puede decirse que este proyecto es la culminación de su agenda radical, una fantasía de convertir a Puerto Rico en un estado de los más derechistas de los Estados Unidos.

No vamos a perder mucho tiempo con la hipocresía de un gobernador que, mientras repite sin fin mantras conservadoras como la de su héroe, Ronald Reagan:

El tiene los pantalones, como dirían mis viejos, de rogar por más ayuda federal para la isla en la página de CNN. Aquí tenemos un ejemplo extraordinario del bilingüismo: en español, vamos a acabar con el gobierno y privatizar todo, en inglés, vamos a pedir ayuda del gobierno federal.

Hablar de los dos lados de la boca es una crítica fundamental del bilingüismo. Se trata de una pérdida de honestidad, de autenticidad, de integridad. Es algo que no cabe en el carácter nacional de una persona, y si no hay nación en la isla que no es un territorio nacional, no hay nada, hay páginas en blanco.

Lo que quiero decir es quizás otra cosa, que la pérdida de la identidad nacional es un síntoma del terror que ha causado la globalización. Appadurai dice, “the death or implosion of powerful national economies…has been accompanied by the rise of various new fundamentalisms, frequently marked by a genocidal edge. The nation-state has been steadily reduced to the fiction of its ethnos as the last cultural resource over which it may exercise full dominion.”  Pero el está hablando del rechazo de las naciones del   “primer mundo” a los immigrantes del “tercer mundo” y el fenómeno de no dejar sus raíces atrás. “They create uncertainties about national self and national citizenship because of their mixed status,” dice él.

Como Puerto Rico era uno de los laboratorios de la globalización, ha sentido el terror del imperio y la amenaza a su identidad nacional por muchos años antes de la época contemporánea. Las escuelas se convirtieron en campos de entrenamiento y re-educación, usando el inglés como arma de baja intensidad. De hecho todo sabemos que la imposición de este terror–el cual que se vivió en el otro lado por escritores bilingües como Gloria Anzaldúa como “terrorismo lingüístico”–costó mucho combatirlo. Inventaron el jíbaro y pan-tierra-libertad y el especial de Banco Popular en las navidades, y no dejaron que nadie quitará su bandera.

Pero desde acá, de este lado, se puede hablar del bilingüismo como algo deseable, algo que puede ser un espacio donde la creatividad florece, el espacio “liminal” dice alguna gente, el espacio “híbrido” dicen otros. Este bilingüismo es algo que siempre está en desarrollo, siempre está en negociaciones, siempre está cambiando como la misma vida. Este bilingüismo no sería el resultado de una mezcla de términos burocráticos o tecnocráticos  como quisiera el gobernador. Este bilingüismo no es para que “podamos competir mejor en el mercado global,” o sea para que podamos  ganar salarios a niveles cada vez más pegados al piso.

Este es un bilingüismo que deja que PuertoRico entre en un diálogo con sus vecinos en el Caribe, como escribió José Luis González. Es un bilingüismo que nos informa que el gobierno no tiene el derecho de negar acceso a los procesos legislativos ni pegarnos en la cabeza cuando protestamos. Es una expresión de la negritud, como hablan los reggaetoneros y los pleneros sin aparentemente hablar inglés. Es un bilingüismo que acaba con el puertorriqueño dócil (que en realidad nunca existía), que convierte el vacilón en acción.

La esencia de Puerto Rico puede ser el español, pero también puede ser el Caribe, o ciudades porteñas  hermanas como Puerto Príncipe, Santiago, Veracruz, Cartagena, Nueva Orleans. Puede ser el azúcar y el tabaco y el sol. Pero siempre vamos a recordar esas cenas cuando no sabemos de que hablar y hablamos de cuales son las flores que florecen en ese momento de primavera en una isla tropical como esta y como es que alguien se siente frío cuando la temperatura nunca baja de 80 grados. El idioma se habla con la lengua, y la lengua puertorriqueña huele como una rosa española.

Entonces ya. No vamos a hablar de los dos lados de la boca. Vamos a decir la verdad. El bilingüismo ya hace tiempo que llegó a Puerto Rico y a Nueva York. Lo que quieren es controlarlo y sustituirlo por un lenguaje de programación, and it’s obvious that since at least 1898 we have refused to speak it.

originally posted at http://www.80grados.net/2012/05/el-dilema-del-bilinguismo/

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